La resonancia entre lo ancestral, lo ritual y lo fenomenológico
Hay caminos que no se trazan con palabras, sino con gestos que el alma reconoce.
El chamanismo, como lo describe Daan van Kampenhout (1), y las constelaciones familiares de Bert Hellinger (2), se encuentran en ese territorio invisible donde los ancestros susurran y los vínculos olvidados piden ser honrados. Ambos métodos abren portales: uno a través del tambor y la visión, el otro mediante el cuerpo que representa y se deja mover por fuerzas mayores.
El chamán viaja entre mundos, guiado por cantos y símbolos que revelan lo que fue excluido. El constelador escucha el campo, donde el dolor se organiza en patrones que repiten destinos. En ambos rituales, el facilitador no dirige: se entrega. Sabe que hay un orden más antiguo que la voluntad, una sabiduría que se manifiesta cuando el espacio está consagrado y el corazón dispuesto.
Van Kampenhout propone que el canto y el objeto ritual pueden acompañar la constelación como si fueran aliados del alma. No se trata de sumar técnicas, sino de permitir que lo espiritual y lo sistémico se abracen. Cuando el trauma es colectivo, cuando el alma está fragmentada, el lenguaje simbólico del chamanismo puede ofrecer imágenes que sostienen lo que aún no puede decirse.
Así, el encuentro entre ambos caminos no es una fusión, sino una danza. La constelación se vuelve canto, el canto se vuelve constelación. Y en ese cruce, el alma encuentra una forma de recordar lo que nunca debió olvidarse.
Lic. Marcelo Ducruet
(1) Daan van Kampenhout nació en 1963 en una familia de artesanos. A partir de 1987, comenzó a explorar el chamanismo, y una década más tarde se sumergió en el universo de las constelaciones familiares. De ese cruce nació Systemic Ritual®, un enfoque que entrelaza lo sistémico con lo ritual, integrando cantos, símbolos y movimientos en procesos de sanación colectiva. Ha compartido esta práctica en más de veinte países y publicado libros que dialogan con la memoria, el trauma y la espiritualidad. Su obra circula en más de doce idiomas, y su recorrido combina lo ancestral con lo contemporáneo, lo terapéutico con lo simbólico.
(2) Bert Hellinger nació en Alemania en 1925 y atravesó una vida marcada por contrastes: fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, sacerdote católico y misionero en Sudáfrica, donde convivió con comunidades zulúes durante más de una década. Esa experiencia, junto con su formación en filosofía, teología y diversas corrientes terapéuticas —como el psicoanálisis, la terapia gestáltica y la hipnosis ericksoniana— lo llevó a desarrollar un enfoque propio que llamó constelaciones familiares. A partir de los años noventa, comenzó a sistematizar esta práctica que revela las dinámicas invisibles que operan en los vínculos familiares, generando una revolución en el campo terapéutico. Su método, profundamente influido por la observación de rituales colectivos y por una mirada fenomenológica, se expandió por todo el mundo y abrió nuevas formas de abordar el trauma, la pertenencia y el amor interrumpido. Hellinger falleció en 2019, dejando una obra que sigue resonando en espacios clínicos, pedagógicos y espirituales.
(**) Una definición sencilla de lo que es la fenomenología
La fenomenología es una forma de mirar el mundo poniendo atención a cómo lo vivimos, más que a cómo lo explicamos. En lugar de mirar desde afuera, propone habitar la experiencia tal como se despliega: un aroma que evoca una infancia, una palabra que vibra en el cuerpo, una imagen que se posa sin pedir permiso. Edmund Husserl la pensó como un regreso a lo esencial, a lo que se presenta antes de que lo expliquemos. En el ámbito terapéutico, esta mirada se emplea para acompañar al otro sin interpretar ni juzgar, simplemente presenciando lo que emerge en su vivencia.